AGENCIA MISIONES.UNO | En distintas chacras de Misiones, productores y productoras impulsan una Red de Semillas que promueve la circulación, conservación e intercambio de semillas nativas y criollas como base de la soberanía alimentaria, la autonomía productiva y la permanencia territorial, fortaleciendo el trabajo colectivo frente a un contexto de retracción de las políticas de acompañamiento a la agricultura familiar.


En distintas chacras de Misiones, cientos de productores y productoras practican desde hace varios años, algo tan simple como decisivo: guardar semillas de una cosecha para volver a sembrar al año siguiente. Esa práctica -extendida en muchas localidades- busca dar un paso al conectarse en red para que las semillas circulen de colonia en colonia, se multipliquen y lleguen a todos y todas quienes las necesitan.

La propuesta, una bandera histórica del espacio político Tierra, Techo y Trabajo y con el apoyo del Instituto de Macroeconomía Circular (IMaC) a partir del recorrido territorial, es agrandar las redes para hacerlas más efectivas. No se trata sólo de intercambio sino de autonomía productiva, de bajar costos, de evitar la dependencia de los “paquetes tecnológicos”, y de sostener la vida en las chacras con más resiliencia, frente a los vaivenes del clima y de la economía.

En lugares como San Antonio, San Pedro, San Vicente, El Soberbio, Mártires, San Ignacio, Bonpland, Puerto Piray, Corpus, Gobernador Roca, Campo Viera, entre tantas otras comunidades, la red ya aparece como una respuesta concreta: soberanía alimentaria en movimiento.

El grupo de familias productoras coincide en que la conservación de semillas es también conservar saberes ancestrales: selección, secado, guarda, tiempos de siembra, manejo del suelo e intercambio solidario. “Es una memoria viva que ordena el presente y proyecta futuro”, destacan.

Por todo esto, apoyan la iniciativa de quienes impulsan la red y sostienen que la semilla no es un insumo más, sino un bien común ligado a la biodiversidad y a la permanencia territorial.

En ese marco, la propuesta también se levanta como reacción a un contexto adverso, ya que durante 2024 el Estado nacional avanzó sobre las políticas de acompañamiento técnico a la agricultura familiar.

El Instituto Nacional de la Agricultura Familiar, Campesina e Indígena (INAFCI) fue intervenido por el Gobierno nacional en abril de 2024, y según denuncias y coberturas periodísticas, su cierre dejó territorios sin asistencia técnica desde marzo de ese año. Después, el Decreto 462/2025 formalizó la disolución del organismo que para las organizaciones y productores no fue sólamente un trámite burocrático, sino que se tradujo en menos programas, técnicos y menos herramientas para sostener la producción de alimentos en el interior del país.

Compartir e intercambiar semillas para sembrar autonomía

Sereno recordó que desde su espacio construyen históricamente la soberanía alimentaria. “Desde la banca de diputados conquistamos las leyes de Semillas nativas y criollas, de Soberanía Alimentaria, de Fomento a la Fruticultura y de Arraigo Rural, es decir de vuelta al campo. Y esas leyes no son marcos teóricos abstractos; son la mirada construida en el territorio, el camino hacia un sueño colectivo, y una necesidad urgente que buscamos que se concrete en la realidad por nuestra gente, nuestra tierra y por nuestro planeta. La permanencia territorial y la defensa de nuestra biodiversidad es defensa de la vida: el futuro depende de nosotros, nosotras y de nuestras actitudes”, afirmó.

Agregó que la Red de Semillas no busca reemplazar todo de un día para el otro; busca organizar lo que ya existe, conectar experiencias, registrar qué funciona en cada zona y fortalecer el trabajo colectivo. En tiempos de incertidumbre, la apuesta concreta es guardar y conservar semillas propias, con chacras con autonomía, biodiversidad protegida y esperanza organizada.

Ya comenzaron con la distribución y el intercambio junto a productores en la provincia, y con esa intención esperan poner en marcha un programa específico. La propuesta es simple y poderosa: que las familias productoras guarden las semillas y las compartan, construyendo una red que crezca año tras año.

Consideran que a través de la organización, en poco tiempo no tendrán que depender de la compra de semillas, ya que circularán en un intercambio virtuoso de territorio en territorio, fortaleciendo el trabajo colectivo y la soberanía productiva. “Es una idea sencilla; pero profundamente transformadora”, manifestaron quienes pusieron en marcha esta red con la esperanza en movimiento desde el territorio.